Cómo el Mindfulness transformó mi vida para siempre (y cómo puede hacer lo mismo contigo)

Cómo el Mindfulness transformó mi vida para siempre (y cómo puede hacer lo mismo contigo)

Si no estás segura de si el mindfulness puede ayudarte o no, ¡no te pierdas este artículo! Aquí te explico todo lo que hizo por mí, y lo que puede hacer por ti…

 

Hola, ¿cómo estás?

Hoy me gustaría hablarte de algo que cambió por completo mi vida a mejor y para siempre, y que puede hacer lo mismo por ti, si le das una oportunidad.

Me refiero al mindfulness, eso que ahora está tan de moda y de lo que todo el mundo habla, por sus innumerables y demostrados beneficios.

Pero, yo no quiero hacer aquí una lista de beneficios del mindfulness sin más. Eso lo puedes encontrar fácilmente buscando por internet.

Lo que a mí me gustaría es compartirte mi experiencia personal con el mindfulness. Cómo apareció en mi vida y cómo la transformó para siempre.

¿Te apetece saberlo? ¡Pues sigue leyendo!

 

Tocando fondo:

 

Hace unos pocos años el estrés hacía estragos en mi vida. Tenía (y tengo todavía) un trabajo de cara al público que implicaba muchísimo desgaste físico y psicológico. Actualmente, mis horarios, por suerte, son un poco más estables. Pero, en aquellos momentos, trabajaba a turnos, lo que significaba que podía trabajar a cualquier hora del día o de la noche, fines de semana y festivos incluidos, y que, además, cambiaba de horarios continuamente, con lo que éso supone para el sueño, la digestión o la vida personal y familiar.

Mis hijos todavía eran pequeños y el que entonces era mi marido también estaba sujeto al mismo tipo de horarios, por lo que llevar la casa y la familia era realmente complicado. Y, aunque, por suerte, mis padres nos ayudaban con los niños, yo sentía que no manejaba mi vida, sino que era la vida la que me manejaba a mí. Literalmente, no tenía vida.

Me sentía muy culpable por no poder estar con mis hijos cuando más me necesitaban. Y no poder llevar mi casa como yo quería y no tener nunca tiempo para el ocio, para disfrutar, o para, simplemente, no hacer nada, también me afectaba muchísimo. Mi autoestima estaba por los suelos.

Recuerdo aquellos años como si estuviera continuamente haciendo encaje de bolillos con todas las cosas importantes de mi vida, sin poder estar realmente en ninguna.

Pasaba todas las horas del día corriendo, apagando mil fuegos, intentando atender a todo, sin poder realmente atender nada. Me sentía como un patinete lanzado cuesta abajo y sin frenos. Como una marioneta rota, a la que obligaban a seguir adelante, a pesar de no poder más.

Sufría muchísimo estrés, cansancio, frustración, rabia, culpa, tristeza, miedo, malestar… Y múltiples síntomas físicos y psicológicos que eran cada vez más fuertes y evidentes. Pero, a pesar de todo, me obligaba a mí misma a seguir adelante con todo y seguía tensando cada día esa débil cuerda que sostenía toda mi vida.

Hasta que un día ya no pude más y esa cuerda se rompió. Literalmente, toqué fondo. Sentía que había fracasado como madre, como esposa, como trabajadora y como mujer, y que no había sido capaz de hacer ni siquiera lo mínimo que se esperaba de mí.

Sufrí una fuerte crisis de ansiedad y mi vida se desmoronó entera por completo, como un castillo de naipes. Acabé en casa con una baja de larga duración y necesitando medicación.

Y, cuando eso ocurrió, no podía hacer nada más que llorar y dormir. Estaba agotada, rota, sin fuerzas. Incluso llegué a pensar en que lo mejor sería dormirme y no despertar más. Quería desaparecer, terminar con tanto cansancio, tanta frustración y tanto dolor.

Tuve que renunciar a todo y a todos y, para sobrevivir, volcarme, por primera vez en muchos años, solo en mí.

 

Cuando ya no puedes bajar más, ya solo puedes empezar a subir:

 

Yo por mí misma nunca hubiera sido capaz de parar esa endiablada rueda de hamster en la que me había metido. Pero, la vida me paró a la fuerza y me obligó a pasar tiempo a solas conmigo y a mirarme de frente, sin vendas en los ojos.

Durante las primeras semanas de mi baja, yo solo podía sobrevivir. Me limitaba a comer, a dormir mucho, y poco más.

No era capaz de nada. Ni siquiera de leer, o de hacer lo más mínimo. Cada pequeña actividad, por simple que fuera, me costaba un esfuerzo sobrehumano.

Pero, poco a poco, fui recuperando mis fuerzas y sintiéndome un poquito mejor cada día. Y entonces, empecé a hacer cosas simples y pequeñitas, pero, por primera vez en mi vida, solo pensando en mí y en lo que necesitaba en cada momento.

Por primera vez en mi vida, empecé a tenerme en cuenta, a escucharme, a sentirme. Y empecé a hacer lo que me procuraba bienestar y a renunciar a todo lo que me hacía sentir mal.

Empecé a pasar tiempo conmigo, atendiéndome, cuidándome. Recuperé mis aficiones de niña. Volví a tejer, a escribir, a dibujar, a pasear, a tomar contacto con la Naturaleza… Empecé a pasar tiempo con mis niños, a hacer cosas bonitas con ellos, a hablar mucho de todo, a compartir nuestro tiempo disfrutando de las pequeñas cosas de cada día. Y, poco a poco, la sonrisa volvió a mi cara.

Y entonces, sucedió algo que fue el principio de todo y de lo que estaré siempre profundamente agradecida. Sentí que necesitaba moverme y me apunté a clases de yoga. Eso, sin duda, es lo mejor que pude haber hecho por mí. Es la mejor decisión que he tomado en mi vida, y estoy muy feliz de haber sentido esa llamada y de haberla seguido. Fue lo que me ayudó a iniciar mi transformación.

 

El principio del fin:

 

Ya en los primeros minutos de mi primera clase de yoga me di cuenta de que había encontrado algo extraordinario y valiosísimo. Sentí que, por fin, había encontrado eso que andaba tantísimo tiempo buscando. Sentí que ese era mi lugar y que, por fin, estaba donde quería estar.

A través del yoga, empecé a tomar contacto directo con mi cuerpo, tan largamente despreciado y olvidado. Empecé a sentir. Y pude empezar a escucharme, a conocerme, a reconocerme y, por fin, a valorarme, a aceptarme y a quererme tal y como era.

Y el yoga me trajo un tesoro impresionante: al final de cada clase, empezamos a meditar. Y en ese momento, se abrió para mí una puerta de valor incalculable. Al atravesarla, encontré, por fin, ese espacio cálido, amable y profundísimo en el que encontrarme conmigo misma a solas, mirarme de frente, escucharme de verdad y, por fin, SER YO.

Encontré la Paz. Encontré la Alegría. Encontré el AMOR. ME ENCONTRÉ A MÍ MISMA. Y ya nada, jamás, volvió a ser igual para mí.

 

La gran transformación:

 

La práctica de la meditación le trajo a mi vida dos lecciones fundamentales, que supusieron darle un giro total de 360 grados:

La primera fue darme cuenta de que mi sufrimiento y mi malestar me los causaba yo misma. Era mi mente confusa y enredada en mil cosas a la vez lo que generaba mi estrés. Eran mis pensamientos los que me causaban tanto malestar y sufrimiento. Y, cuando descubrí que yo no era mis pensamientos, sino la conciencia que los creaba y que, por lo tanto, podía darme cuenta de eso y dejar de crearlos, o soltarlos y dejarlos ir, todo cambió para mí.

Descubrí que yo no vivía casi nunca en el presente. Estaba continuamente recordando y sufriendo por lo que pasó, o preocupándome y angustiándome por lo que pasaría, pero, no estaba en el único lugar que realmente existe: AQUÍ Y AHORA. Eso supuso un cambio impresionante para mí. Ahora, cada vez que sufría por mi pasado o me preocupaba por mi futuro, podía darme cuenta y, con amabilidad, paciencia y aceptación, volver al presente. Y, de esa manera tan simple, mi malestar y mi sufrimiento desaparecían, como por arte de magia.

La segunda fue darme cuenta de que el cambio es de adentro a afuera y no al revés. Yo era la que tenía que cambiar, no mis circunstancias o los demás. Yo era la que podía decidir cómo quería ver la vida y cómo quería actuar. Comprendí que era una cuestión de actitud.

Ya no era todo blanco o negro, bueno o malo, feliz o infeliz. En realidad, todo formaba parte de lo mismo: no puede haber luz, si no existe la oscuridad. No puede existir la alegría, si también no sabemos llorar. Con nuestro pensamiento dual es como nos complicamos la vida. Pero, si aceptamos lo que vaya llegando y nos permitimos simplemente SER, todo es inmensamente más simple y sencillo.

El gran aprendizaje fue descubrir que podía simplemente confiar en que la vida me iría trayendo en cada momento lo que necesitara para aprender lo que necesitaba aprender en cada paso del camino. Y que ese aprendizaje me haría más sabia, más fuerte, más capaz, más valiosa… Y más feliz.

Ya no tenía que torturarme intentando resistirme a lo que me pasara y queriendo que todo fuera de otra manera. Podía simplemente, aceptar que las cosas eran como eran. Y, haciendo eso, algo se aflojaba y se liberaba en mí. Y entonces, a partir de ahí, es cuando podía cambiar lo que estuviera en mi mano cambiar, y aceptar lo que no, pero, sintiéndome bien y en paz conmigo, a pesar de todo.

Podía dejar de luchar y, simplemente, aceptar y SER con la vida.

 

Encontrando mi misión de vida:

 

Al cabo de unos meses, mi situación empezó a mejorar espectacularmente y, por fin, pude superar aquella crisis terrible que había puesto toda mi vida patas arriba.

Todo aquello no había sido en vano, sino todo lo contrario. Yo me había transformado por completo y era otra mujer: fuerte, segura, serena y feliz.

Y, en ese momento, sentí dentro de mí que, si yo había sido capaz de transformarme tanto y de transformar mi vida tan radicalmente para bien, entonces, tal vez, también podría acompañar a otras mujeres que estuvieran en mi misma situación a que pudieran hacer lo mismo por ellas mismas. Y también sentí que, si el yoga y la meditación me habían ayudado tantísimo, también podrían ayudar a otras personas que lo estuvieran pasando tan mal como lo pasé yo.

Y, después de muchos años, sentí que yo no había estudiado psicología en vano y que, por fin, había llegado para mí el momento de empezar a ejercer. Hacía muchos años que había terminado mi carrera (más de 18), aunque, yo había seguido leyendo y formándome por mi cuenta, porque para mí era un tema apasionante. Pero, lo hacía por y para mí, y no para otros.

Siempre había pensado que nunca llegaría a ejercer mi profesión. Hasta ese momento. Tantos años después, sentí la llamada y supe, dentro de mí que había descubierto mi misión de vida: ponerme al servicio de las mujeres que sufren por vivir de espaldas a sí mismas.

Entré en la web del Colegio de Psicología para ver qué necesitaba para colegiarme e iniciarme en ese nuevo camino que mi corazón me indicaba y, ante mis ojos apareció un curso de iniciación al mindfulness para psicólogos que se iba a celebrar próximamente.

Yo en mi vida había oído hablar de eso y no tenía ni idea de lo que era, pero, no sé por qué, despertó mi curiosidad. Y, al investigar un poco, descubrí que aquello no era por casualidad. Comprendí que el mindfulness era lo que le daba la mano, por un lado, al yoga y la meditación y, por otro, a la psicología. Vi claro que ése era el camino que unía ambas cosas y que, precisamente éso era lo que yo estaba buscando para poder acompañar y ayudar de verdad a quien lo necesitara. Y sentí dentro de mí que ése era el camino que yo quería recorrer.  Llamé sin dudarlo y me inscribí a ese curso. Y, como solo era para colegiados, conseguí que me guardaran la plaza hasta que pudiera desplazarme a Mallorca para colegiarme, algo que pude hacer a la semana siguiente, en el primer día libre que tuve.

Y así empezó todo. El mindfulness me cautivó desde el primer momento, de igual forma que lo habían hecho el yoga y la meditación. Era llegar al mismo sitio por otro camino paralelo. Y supe que era lo que necesitaba para trabajar de la forma en que yo sentía que quería trabajar.

Desde ese primer curso, he hecho muchísimos otros cada vez más y más especializados y de la mano de grandes expertos internacionales. Y sigo formándome y leyendo y aprendiendo. Me ayuda a ser cada día mejor profesional y, también, mejor persona (para mí, ambos cosas no se pueden separar).

 

SER la mujer que quieres SER gracias al mindfulness:

 

Ahora, visto con la perspectiva que dan los años, sé que aquello fue lo mejor que me podía haber pasado. Gracias a esa tremenda crisis, no me quedó más remedio que encarar mi vida de frente y darme cuenta de cómo estaba viviendo y de lo que me estaba haciendo a mí misma.

Seguramente, si mi situación no hubiera sido tan grave y no hubiera llegado a tocar fondo, yo hubiera seguido resistiendo, malviviendo, y actuando solo para los demás y de espaldas a mí misma.

Hubiera continuado maltratándome, castigándome, auto exigiéndome y sintiéndome muy culpable, muy egoísta y muy infeliz, por no poder llegar a todo, por sentirme tan mal y por no ser como debía.

Hubiera continuado sin ver, sin darme cuenta, sin saber lo que sentía, lo que necesitaba, lo que realmente quería, lo que mi sabia y preciosa voz interior me pedía.

Pero, la vida es muy sabia y nos trae en cada momento exactamente lo que necesitamos para aprender lo que necesitamos aprender. A mí me trajo el descubrimiento del mindfulness, y ahora solo puedo estar profundamente agradecida, porque, gracias a eso, pude transformarme y transformar mi vida para siempre.

Y ahora, puedo decir que, a pesar de todas las tormentas que puedan aparecer en mi vida (también sufro reveses y desgracias, como todo el mundo), por fin siento que mi vida es como quiero que sea, que la manejo yo y depende solo de mí. Que soy la mujer que quiero SER.

Por fin, SOY FELIZ.

Y he decidido compartir con quien lo necesite este profundo aprendizaje que me transformó para siempre, y hacer de ello mi misión de vida.

Estoy aquí para ayudarte a recorrer el mismo camino que yo misma recorrí. Para acompañarte en tu transformación. Para enseñarte a que puedas escuchar tu voz interior y puedas SER quien realmente quieres SER y no quien los demás esperan que seas. Para que te reencuentres con esa preciosa y maravillosa mujer que tú ya eres, pero que, por determinadas circunstancias, todavía no puedes ver. Para que dejes de sentirte como una oruga insignificante, pequeña y asustada y puedas transformarte en la maravillosa, hermosísima y fuerte mariposa que ya eres.

Y, para ello, he elaborado mi propio método, el Método SER (Sabiduría Esencial Reparadora), un método extraordinario, único y absolutamente transformador basado en el mindfulness del que muy pronto te hablaré más por aquí 😉

¿Quieres acompañarme?

 

Y ahora, ¿quieres contarme cuál es tu experiencia y tu conocimiento del mindfulness?

Estaré encantada de que me dejes más abajo tus comentarios 😉

Y, si este artículo te ha gustado y sientes que puede ayudar a alguien, por favor, no te olvides de compartirlo, para que podamos ayudar a más personas que lo necesitan. Eso es lo más importante para mí 🙂

Volveré pronto con más cosas sobre mindfulness y sobre otros temas que sé que te ayudan y te interesan.

¡Muchísimas gracias por estar ahí!

Un cálido y fuerte abrazo

 

Me llamo Ana Costa y mi misión es ayudarte a que escuches tu voz interior, a que seas fiel a ti misma, a que descubras quién eres, quién quieres SER y qué vida quieres llevar.
Quiero que alejes de tu vida el estrés, el miedo, la frustración y la baja autoestima y que aprendas a construir por ti misma, la vida serena, segura y feliz que deseas.

Te espero en zonamindful.com, tu Zona Libre de Estrés.
¿Me acompañas?

Accede aquí al Mini-Curso Gratuito “Aprendiendo a Parar” .

8 Comments
  • Sara
    Posted at 14:15h, 23 agosto Responder

    Buenas tardes ,yo empecé a tocar fondo hace un año y medio.Soy una persona autoexigente que trabaja con un colectivo vulnerable como es el de la discapacidad ,las injusticias me sibrepasan y acogi a mis usuarios como su fueran parte de mi familia,sus historias y miserias las convertí en mías y eso me impregno de tristeza y frustración.Además yo también padezco una enfermedad degenerativa aunque no me considero una persona enferma y lucho todos los dias para no venirme abajo.En fin…que hace 1 año y medio una noche no pude dormir ni dos minutos y tenía que presentar un proyecto en Madrid,yo soy de Canarias y empecé con una sudoración fría a ponerme muy nerviosa y parecía que me ahogaba ,después seguí con mi mismo ritmo de vida,pensando que era un incidr
    ente aislado y comencé a experimentar las mismas sensaciónes en mi casa.Iba a trabajar sin dormir y ponía buena cara todos los dias.
    Seguí trabajando hasta que comenzaron los miedos a salir a la calle,a conducir a pensar que algo catastrofico le iba a ocurrir a mi familia y miedo a que llegara la noche y no dormir.Pero seguí seguí aunque a veces en el trabajo parecia que me moría..,pero yo seguí.A principios de año llegaron los resultados del seguimiento de mi enfermedad y fueron muy negativos ,me aconsejaron dejar de trabajar
    Pero yo segui no haciendo caso a los medicos ni a mi familia ni a mi pareja ni a nadie.Hasta que en una semana dejé de dormir 3 noches seguidas y me sucedieron una serie de ataques de ansiedad,terribles.Por fin tuve que coger la I.t ,después de esto empiezo con dos medicaciones para mi enfermedad y las dos han fallado,superé una depresión sin medicación y con el apoyo de un neuropsicologo y un coach,como gracias al apoyo de mi familia mi pareja y mis angelitos incondicionales que son mis amigos.He estado en las tinieblas ,he visto de que están echas las alcantarillas porque el caminó de ortigas que he atravesado ha sido muy duro.Cuando casi estoy llegando a la luz a mi padre le dio un infarto y se está recuperando otro susto inmenso en mi vida .Actualmente estoy esperando por una nueva medicacion
    Y espero que me funcione para poder normalizar mi vida ,en este proceso me he iniciado en yoga,milfunes y hasta en budismo
    He abierto muchas puertas,he cerrado otras y ahora llevo bastante tiempo de baja trabajando en el mejor proyecto de mi vida…mi recuperacion que va como los días…unas veces bien y otras regular.

    • Ana Costa
      Posted at 21:36h, 23 agosto Responder

      Querida Sara:

      Muchísimas gracias por dejarnos aquí un testimonio tan valiente, sincero y desgarrador.
      Me ha emocionado muchísimo leerte y sentir, gracias a tus palabras, el dolor, la frustración y el enorme sufrimiento con el que te ha tocado lidiar.
      Realmente, son admirables tu coraje, tu determinación y tu fuerza y, estoy convencida de que, en esta dura batalla que estás librando, sin duda, vas a ganar tú.

      Como muy bien sabes, recuperarnos y aprender a salir de nuestro “agujero profundo”, no es nada fácil y no es una línea recta. A veces, avanzamos tres pasos, para después volver a caer cinco. Pero, poquito a poco, con constancia, paciencia y, sobre todo, con mucho auto-respeto y mucho cariño hacia nosotras mismas, un día llega el momento en que son más los pasos de subida que los de bajada, y, en algún momento, cuando es el momento, llega la luz y el final del túnel. Y para ti también será así, porque ya estás en el camino.

      Yo no puedo sino felicitarte de todo corazón, animarte muchísimo y decirte que lo estás haciendo muy bien y que, si te respetas y te escuchas a ti misma, algo que con el yoga y el mindfulness podrás hacer mejor, muy pronto tu mejoría y tu recuperación llegarán y sentirás dentro de ti que ese maravilloso proyecto en el que te has decidido volcar, que no es otro que tú misma, es el mejor proyecto al que le puedes dedicar tu vida.
      Porque, cuando tú estás bien, entonces, todo lo de tu alrededor, también está bien. Y entonces puedes dedicarte a dar y a ayudar a los demás. Pero, no al revés.

      Muchísimas gracias, de todo corazón, Sara. Ha sido muy profundo y muy revelador leerte y compartir contigo todo esto que estás viviendo.
      No estás sola en este camino de crecimiento y de aprendizaje. Cuentas con nuestro apoyo, nuestro reconocimiento y nuestro cariño sinceros.

      En mi nombre y en el de todas las mujeres que hemos sufrido alguna vez por habernos olvidado de nosotras mismas, te mando un abrazo inmenso y todo mi cariño.

      Gracias, Sara.

  • Elena Cuadrado
    Posted at 15:57h, 23 agosto Responder

    Una vez más no me salen las palabras, querida amiga, porque se quedarían cortas para expresar lo que me inspira este post.
    Si el ” sentir” tuviera forma y color sería de formas suaves, cálido, brillante, luminoso…y, si tuviera olor…olería a mar, a Mediterráneo a libertad o más bien a liberación ¿no crees?
    Eres un modelo a seguir, querida Ana.
    Sólo puedo decirte GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.
    Gracias por estar siempre ahí.
    Feliz me siento de haberte conocido y de tener el gran privilegio de poder llamarte AMIGA.
    Gracias por ser contribución en tantas y tantas vidas, empezando por la mía.
    ¡Un fuerte y sentido abrazo de corazón a corazón !

    • Ana Costa
      Posted at 20:04h, 23 agosto Responder

      Mi queridísima amiga Elena:
      Tus palabras me han emocionado tanto que, ahora mismo no sé qué responderte que esté a la altura de tantas cosas bonitas que has dejado aquí prendidas en este rinconcito de mi casa que también es la tuya.

      Yo no me considero modelo de nadie, ni siento que sepa más que otros. Simplemente, viví las experiencias que me tocaban vivir para aprender lo que necesitaba aprender en ese momento de mi vida.
      Transité un camino duro, es verdad. Pero, cada día cientos de personas anónimas superan grandísimos y tremendos retos y consiguen seguir adelante, a pesar de las terribles circunstancias que tienen que enfrentar. Y muchas son tan duras y difíciles, que las mías, a su lado, parecen incluso ridículas.

      Por eso, creo que no soy quién para servir de ejemplo. Simplemente quiero aportar un pequeño rayito de esperanza y de ilusión, y contar bien alto que siempre se puede mejorar. Que se puede crecer y seguir adelante y “renacer” más fuerte, serena y feliz, a pesar de todo lo que nos toque vivir y por muy duro que sea.

      No podemos elegir las “cartas” que nos reparte el destino en esta gran “partida cósmica” que es la vida, pero, sí podemos elegir cómo vamos a “jugar” con ellas.
      Porque, al final, resulta que de eso se trata: de “jugar” bien, de “jugar” nuestra mano y nuestra partida, y no la de otros.
      Podemos ser las dueñas de nuestras vidas, podemos decidir qué vamos a hacer y cómo vamos a vivir a partir de ahora.
      Y sobre todo, podemos (y necesitamos, por nuestra propia felicidad) escuchar a nuestra sabia voz interior, para saber quién somos y quién queremos SER. Y, la práctica del mindfulness es uno de muchísimos otros caminos para ello. Pero, es el camino que me ha servido a mí, el que conozco, y el que quiero compartir.

      GRACIAS A TI, mi querida amiga. Mi vida también es más plena y feliz porque en ella hay personas tan extraordinarias como tú.
      También tú tienes muchísimo que enseñar y que compartir, y también tú eres un gran ejemplo de fuerza, coraje y sabiduría.

      Te quiero mucho. Gracias por estar siempre aquí.

      Te mando un abrazo inmenso.

  • Elisabeth
    Posted at 18:05h, 23 agosto Responder

    Estoy totalmente de acuerdo contigo. Para mí el yoga y la meditación me ayudan mucho. Pasé hasta por un psiquiátrico de la depre q tenia. Me saqué el título de profe de yoga y me faltan unos créditos para conseguir el de meditación. Gracias por tus comentarios

    • Ana Costa
      Posted at 20:24h, 23 agosto Responder

      Hola, Elisabeth.
      Muchísimas gracias por dejar aquí tu valioso testimonio.

      Efectivamente, cada vez más y más estudios avalan los enormes beneficios que conllevan la práctica del yoga y la meditación en la salud y el bienestar de las personas.
      Y, no en vano, la UNESCO declaró el pasado día 1 de diciembre de 2016 al Yoga de la India, Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, algo que a mí, personalmente, me hizo muy feliz, porque supone un gran reconocimiento a esta hermosa y milenaria disciplina.
      Los beneficios de la práctica del mindfulness en la superación de los trastornos depresivos y en la prevención de sus recaídas están ámpliamente demostrados y existen programas y protocolos psicológicos basados en mindfulness, específicos para estos trastornos, como también para el tratamiento de los trastornos de ansiedad y del dolor.

      Por ello, las personas que hemos podido comprobarlo en persona, sabemos lo extraordinarias que son estas prácticas y el enorme bien que hacen, y no podemos sino difundirlo y compartirlo.
      ¡Muchísimas felicidades por haber elegido este enriquecedor camino y por unirte a esta noble causa, Elisabeth! Muchísimas personas te lo agradecerán.
      Sin duda, si más personas practicaran, habría menos dolor y menos violencia en el mundo. Por ello, además del enorme placer que nos proporciona, tenemos también el deber y la obligación de enseñarlo, difundirlo y compartirlo.

      Además, como dijo el Dalai Lama, “Si a cada niño de 8 años de este Planeta le enseñásemos meditación, eliminaríamos la violencia del mundo en una sola generación”, algo que en estos días tan tristes y terribles para los ciudadanos de paz, cobra especial importancia.

      ¡Gracias otra vez, Elisabeth!

      Te mando un abrazo enorme.

  • Dyanna
    Posted at 23:05h, 24 agosto Responder

    Mi querida Ana, gracias por compatir tu historia. Sabes? me he sentido muy identificada con tu relato aunque en caminos y situaciones distintas sentí que estaba leyendo parte de mi historia. En estos últimos dias he hecho todo cuanto me ha sido posible por encontrar una ruta hacia mi misma. La ilusión de querer llegar a una respuesta que nos incluya como responsables de todo cuanto nos ha sucedido en la vida, nos lleva a creer en espejimos y caminos falsos. Pero esa creo es la única ilusión en la que la VIDA no nos puede complacer sin que suframos las consecuencias. Debemos hacernos cargo de todo cuanto ocurre en nuestra vida porque somos los únicos que elejimos en ella. Una vez más estas en mi vida en un momento muy importante interiorme para mi que se me comprenderas cuando te digo que no tengo palabras para expresar, como se siente llegar a la compresión inetrior del SER que realmente somos. Gracias amiga de mi corazón!

    • Ana Costa
      Posted at 09:50h, 03 septiembre Responder

      Querida Dyanna, mi amiga del alma:

      Las gracias te las doy yo a ti por ser para todos un ejemplo de coraje, fuerza, determinación y valentía, en estos momentos tan duros que te está tocando vivir en tu querido país, Venezuela.
      Estoy convencida de que con tu hermoso proyecto http://conscienciaensalud.blogspot.com.es, conseguirás iluminar y ayudar a muchas personas que lo necesitan tanto.

      Tienes toda la razón: somos los únicos responsables, no de lo que nos ocurre, puesto que hay cosas como por ejemplo la situación política o económica que nos toque vivir, que no depende directamente de nosotros. Pero, sí somos absolutamente responsables de lo que decidamos hacer con eso que nos toque vivir, de cómo lo afrontamos y de qué decisiones tomamos.
      Somos responsables de nuestras elecciones, de nuestras decisiones y de nuestras acciones. Y, por tanto, los resultados que obtengamos gracias a ellas, serán los que conformarán nuestra vida, y dependen única y exclusivamente de nosotros mismos.

      Todos tenemos esa libertad, pero, a menudo nos asusta mucho ejercerla y nos dejamos vencer por el miedo, por la inseguridad, por la desconfianza, por la tristeza, por la rabia…

      Solo cuando seamos capaces de entender que el camino correcto es el del AMOR y no el del miedo, será cuando, por fin, conseguiremos elegir y actuar desde el Corazón y SER libres.
      Y tú, mi querida amiga, con tu generoso corazón y tu bondad incondicional eres un hermoso ejemplo de ello.

      Muchas gracias también a ti, por formar parte de mi vida y por compartir este camino de AMOR hacia la maravilla que ya somos, pero que, a veces, no sabemos ver.
      Tenemos la gran responsabilidad y el enorme privilegio de ponernos al servicio y ayudar a quienes puedan necesitarnos, y me siento muy orgullosa de que en esa noble tarea haya personas como tú.

      Te mando un cálido y fuerte abrazo de Corazón a Corazón, que cruce el mar y llegue hasta tu maravillosa Venezuela.

      GRACIAS, MI AMIGA DYANNA.

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