Especial asertividad: ¡No te calles más!

Especial asertividad: ¡No te calles más!

Hola. ¿Cómo estás?

Hoy vengo a hablarte de ASERTIVIDAD, algo muy importante y muy necesario, pero, muy poco conocido. ¿Te suena?

Para que te quede un poco más claro, déjame que te haga primero unas cuantas preguntas…

Dime la verdad:

  • ¿Has querido expresar alguna vez una queja o un desacuerdo, pero, al final te has callado y no has sido capaz, porque temes que no arreglarás nada y que solo empeorarás las cosas ?

 

  • O, por el contrario: ¿lo has expresado de tal manera que has herido y ofendido los sentimientos del otro?

 

  • ¿Has necesitado en algún momento hacer valer tus necesidades o defenderte y te ha entrado el miedo, o la vergüenza, o la inseguridad, guardándote lo que de verdad sientes solo para ti y aguantando situaciones que te hacen sentir fatal?

 

  • ¿Te tragas tus palabras, porque sientes que será peor decirlo, y después te sientes aún peor por no haber sido capaz de hacerlo?

 

  • O, si te decides a hablar, ¿lo haces cuando ya no puedes más, con rabia acumulada, sin medir tus palabras y sin pensar en las consecuencias, y después te arrepientes de lo que has dicho, porque te das cuenta de que has hecho daño?

 

Si la respuesta es SÍ, te comprendo perfectamente, porque a mí también me ha pasado y sé lo mucho que se sufre y lo mal que se pasa.

Pero, yo he aprendido a superar estas situaciones, y quiero enseñarte a ti también a hacerlo.

¿Me dejas?

Entonces, no te pierdas este artículo, porque te voy a dar las claves infalibles para que esto no te vuelva a pasar nunca más. Y, además, con dos regalos extra, para que lo tengas todo a mano y perfectamente explicado 😉

¿Preparada?

¡Pues sigue leyendo, que empezamos!

 

La asertividad: qué es y para qué sirve

 

Encontrarás bastantes definiciones de esta palabra tan rara, pero, a mí me gusta decir que…

“La asertividad es el arte de comunicarte bien contigo misma y con los demás”

 

Básicamente, consistiría en saber expresarles a los demás tus deseos y tus necesidades, haciéndote respetar y, a su vez, respetando los deseos y necesidades de la otra persona.  

Difícil, ¿verdad? ¡Pues sí! Pero, ¡también tremendamente importante!

Necesitamos poder expresar nuestros deseos y necesidades más profundos con franqueza y honestidad. Necesitamos poder ser coherentes con nuestros sentimientos, con nuestras emociones, con nuestros valores esenciales. Y necesitamos honrarnos a nosotras mismas y al ser humano que somos. Porque, si no lo hacemos, si negamos lo que pensamos o sentimos y actuamos en contra de nosotras mismas, nos negamos como personas, nos auto anulamos.

Y, si no somos capaces de respetarnos a nosotras mismas, nadie más lo hará. Y ello, atenta gravemente contra nuestra autoestima, porque pone en tela de juicio nuestra propia esencia, no solo frente a los demás, que ya es grave, sino frente a nosotras mismas, que somos nuestras críticas más feroces y nuestras peores jueces.

Pero, por supuesto, la otra persona también tiene sus propias necesidades y también le afecta lo que podamos decirle. Al expresar nuestras críticas, quejas o desacuerdos, también necesitamos hacerlo de forma respetuosa, teniendo en cuenta a la otra personas y sin herir, ni hacer daño gratuitamente.

Es vital saber comunicarnos asertivamente, no solo para sentirnos bien con nosotras mismas en nuestra propia piel,  sino también para construir relaciones valiosas, sanas y sinceras. Incluso, me atrevería a decir que el 90 % de los problemas de convivencia importantes, tienen que ver con cómo nos comunicamos. ¿Ves lo importantísimo que es?

Pero, nadie nos ha enseñado como se hace. No es algo que se aprenda en la escuela. Y tampoco es algo que nos enseñen en casa, sino, más bien, todo lo contrario.

Seguramente, si tenemos dificultades para expresar lo que sentimos, es porque desde pequeñas, no se nos ha permitido hacerlo, o hemos tenido ejemplos inadecuados.

¿Te suenan frases como estas?: “Ni se te ocurra quejarte”, “No se habla cuando están hablando los mayores”, “No llores, o vas a ver como lloras de verdad”, “No digas tonterías. Eso no es importante. Olvídalo ya”, “Esto son lentejas y no se hable más”, “Porque lo digo yo, y punto”, “¿Qué vas a saber tú?”, “Si no te parece bien, ahí está la puerta”, “Mientras vivas en esta casa, se hará lo que yo te diga”, etc., etc., etc…

La verdad es que, la mayoría de las veces, preferimos callarnos por miedo a las consecuencias. Y si por fin nos hemos decidido a hablar, hemos acabado copiando esos modelos, y ofendiendo e hiriendo al otro sin querer.

Por supuesto, no estoy diciendo que nuestros padres o nuestros maestros de entonces tuvieran la culpa. Ellos tampoco sabían hacerlo mejor y, simplemente, hacían lo que podían. Ellos también heredaron esa forma de comunicar y se limitaron a transmitirlo con su mejor intención, pensando que era la forma correcta de educar.

Pero, tengo una buena noticia: Se puede aprender a comunicar bien. Se puede aprender a expresar una queja o un desacuerdo, sin herir, sin ofender a la otra parte y, manteniendo nuestra integridad intacta. Y, para hacerlo, basta seguir unas pocas claves muy claras y simples, que yo te voy a enseñar, si sigues leyendo.

¿Te animas a intentarlo?

 

Los estilos comunicativos: Agresivo, pasivo y asertivo

 

Este es un tema que daría para hablar muchísimo y, seguramente, volveré a escribir aquí sobre ello.

Pero, de momento, por simplificar un poco, te contaré que la forma de comunicarnos, básicamente, se mueve en un continuo que iría, de un extremo a otro. De manera que, en uno de los extremos, estaría el estilo de comunicación agresivo, en el extremo opuesto el pasivo y en el centro, justo en el punto de equilibrio, el estilo asertivo.

Te explico en qué consisten cada uno, para que te quede más claro:

 

  • Estilo agresivo: 

    Es la forma de comunicarse que utilizarían las personas que se ponen por encima de las demás, no tienen en cuenta las necesidades del otro y siempre imponen su propio criterio a la fuerza y de forma agresiva. En su mente está primero la palabra “YO” y en su mentalidad está la idea de “YO GANO-TÚ PIERDES”. Seguro que conoces a alguien así, o tú misma te has comportado de esta forma alguna vez, sin darte cuenta.

 

  •  Estilo pasivo:

    Consiste justamente en todo lo contrario. Representa a las personas que actúan de forma pasiva frente a las exigencias de las demás que, como no puede ser de otra manera, suelen ser las personas que se comunican de forma agresiva.  Se suelen infravalorar, no tienen en cuenta sus propios deseos y necesidades y siempre acaban cediendo frente a los otros. Por ese motivo, lo más importante para ellos es “TÚ”, (es decir, el otro), ignorándose a sí mismas, y se mueven con la idea de “TÚ GANAS-YO PIERDO”. Por desgracia, este modelo suele ser el que seguimos la mayoría de las veces, invadidas por el miedo y la inseguridad.

 

  • Estilo asertivo:

    Justo en el centro de ese continuo y en perfecto equilibrio entre los dos estilos anteriores, se encontraría el estilo asertivo. Las personas asertivas, no imponen sus criterios a las demás, pero, tampoco permiten que los demás les impongan sus propios criterios. Saben valorar equitativamente tanto sus propios intereses, como los de los demás, por lo que su palabra representativa sería “NOSOTROS” (“TÚ + YO”) y se mueven bajo la mentalidad “YO GANO-TÚ GANAS”. Por ese  motivo, esta sería la forma de comunicación más adecuada, equilibrada y justa de las tres, y la que debería imperar para conseguir relaciones respetuosas, armoniosas y felices.

 

Te dejo resumidos los tipos de estilo comunicativo y sus rasgos más básicos en la imagen siguiente, para que te quede perfectamente claro y puedas recordarlo mejor:

 

los-estilos-comunicativos

 

Ni que decir tiene que nadie es al 100% pasivo, agresivo o asertivo el 100% del tiempo, sino que solemos alternarnos entre uno u otro estilo, dependiendo de las circunstancias, la situación, con quien nos estemos comunicando, etc.

Por ejemplo, suele ser muy común que una persona con estilo pasivo, que haya estado aguantando situaciones injustas durante mucho tiempo, de repente un día no pueda aguantar más y explote, volviéndose la más agresiva de las personas. Seguro que alguna vez te has encontrado con alguien así, o quizás, incluso te haya ocurrido a ti misma, ¿verdad?

O también puede suceder que una persona típicamente agresiva, de repente sea absolutamente pasiva frente a una persona con mucha autoridad (su jefe o su padre, por ejemplo).

Además, para terminar de complicarlo aún más, también existen estilos mixtos. Por ejemplo, personas que, en apariencia son absolutamente pasivas, pero, que resultan agresivas de manera sutil y encubierta. Ese sería el estilo pasivo-agresivo. Suele ser el estilo de comunicarse que utiliza el chantaje emocional, por ejemplo, diciendo cosas como “haz lo que quieras, pero luego no digas que no te avisé”,  “si lo haces, es que no me quieres”, “tú misma, pero, luego no te sorprendas de las consecuencias”, etc., etc.

Pero, de momento, no vamos a complicarnos con eso y vamos a centrarnos en lo más importante.

Se trataría de que puedas aprender a manifestar una queja o desacuerdo de forma asertiva, protegiéndote a ti misma, expresando lo que sientes, y sin herir al otro.

Parece algo muy difícil, pero, si sigues las claves que te voy a dar, no lo es en absoluto. Y, además, si aprendes a ponerlas en marcha paso a paso, te sirven para cualquier tipo de situación y circunstancia.

¿Quieres saber cómo se hace?

Son seis pasos muy claros y muy estructurados que te sirven SIEMPRE y para todo. Para que los puedas tener a mano, y te resulte más fácil ponerlos en práctica, he pensado dejártelos en un PDF que puedes descargarte a continuación. También he incluido varios ejemplos de diferentes situaciones cotidianas, para que te resulte aun más fácil aplicarlos.

 

Puedes descargar los pasos para una comunicación asertiva AQUÍ

 

 

Tus derechos asertivos básicos: conócelos

 

Ya para terminar, me gustaría hablarte de los derechos asertivos. ¿Sabes lo que son?  Pues son los derechos que todos tenemos como personas y que deberían de sustentar cualquier tipo de interacción, ya que suponen conectar con nuestra esencia y entender, honrar y respetar nuestras necesidades más básicas.

Y, por supuesto, para que nuestras relaciones sean respetuosas también debemos de respetar los derechos asertivos de los demás. (¿Recuerdas aquello de no hacerles a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti?…)

El problema es que la mayoría de nosotros los desconocemos. Pero, eso tiene fácil solución 😉

Aquí te dejo mi segundo regalo: un nuevo documento PDF que contiene tus derechos asertivos básicos muy claritos y muy bien explicados, para que puedas descargártelos y tenerlos siempre a mano.

 

Puedes descargar tus derechos asertivos básicos AQUÍ

 

 

A modo de resumen:

 

 COMUNICACIÓN ASERTIVA = COMUNICACIÓN CONSCIENTE 

 

  • En la interacción entre tú y la otra persona, ten en cuenta el TODO y amplía el foco, yendo más allá de tu experiencia e intentando incluir la de la otra persona también. Aquí la empatía es clave.

 

  • Pregúntate a ti misma: ¿Qué estoy diciendo? ¿Cómo lo estoy diciendo? ¿Cómo me siento cuando digo esto? ¿Qué efectos tienen mis palabras y gestos en el otro?

 

  • Reflexiona sobre los siguiente: ¿Cómo suelo abordar mis comunicaciones conflictivas con los demás? ¿Huyo? ¿Ataco? ¿Me enfado? ¿Tengo miedo de decir lo que pienso? ¿Digo lo que verdaderamente quiero decir? ¿Tengo en cuenta mis necesidades? ¿Y las del otro? ¿Sé decir NO, cuando es necesario? ¿Respeto mis derechos asertivos y los de la otra persona?

 

Según el doctor Servan-Screiber, los 4 jinetes del Apocalipsis de la Comunicación serían: Crítica, desprecio, ataque, retirada. ¡Procura que no estén presentes en tu forma de comunicar!

 

Dejo para el final unas hermosas palabras que a mí, personalmente, me hicieron reflexionar mucho, cuando las leí por primera vez:

“¿Qué tal si, cuando no quieres, dices que NO; cuando te hace daño, lo dejas; cuando necesitas pedir, lo pides; cuando quieres dar, se lo das; y cuando quieres llorar o gritar, lo dejas salir? 

¿Qué tal si, cuando quieres comunicarte, te abres? ¡Y cuando estás contento, te ríes! 

¿Qué tal si te quedas aquí y ahora, lo único real, en donde hay tanto que no requiere ni del pasado ni del futuro?

¿Qué tal si te das a tu esencia y te dejas Ser verdadero?”

                                                                                                    Claudio Casas, “La paleta del pintor”

 

Pues aquí lo dejo, de momento. Por supuesto, ya sabes que, si a pesar de todo lo que te he contado, sigues teniendo problemas con tus comunicaciones con los demás, puedes contactarme y estaré encantadísima de ayudarte 🙂

¡Ah, no te olvides de dejarme tus comentarios e impresiones a continuación! Ya sabes que me encanta charlar contigo 😉

Díme: ¿Qué te ha parecido este tema? ¿Te parece importante a la hora de mejorar tus relaciones?

¿Cómo te comunicas tú? ¿Qué estilo comunicativo sueles emplear más frecuentemente? ¿Cómo se comunican los que te rodean contigo?

¿Respetas tus derechos asertivos y los de los demás? ¿Te cuesta ponerlos en práctica? ¿Con cuál o cuáles de ellos tienes más dificultades?

Y, por supuesto, si te ha gustado este artículo, no dejes de compartirlo en las redes sociales, para que más personas puedan beneficiarse de él.

¡Mil gracias por hacerlo! 😉

¡Nos vemos pronto de nuevo por aquí!

Un fuerte abrazo

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Me llamo Ana Costa y mi misión es ayudarte a que escuches tu voz interior, a que seas fiel a ti misma, a que descubras quién eres, quién quieres SER y qué vida quieres llevar. Quiero que alejes de tu vida el estrés, el miedo, la frustración y la baja autoestima y que aprendas a construir por ti misma, la vida serena, segura y feliz que deseas. Te espero en zonamindful.com, tu Zona Libre de Estrés. ¿Me acompañas? Accede aquí al Mini-Curso Gratuito "Aprendiendo a Parar" .
12 Comments
  • Elena Cuadrado
    Posted at 07:43h, 14 octubre Responder

    Gracias Ana por este artículo tan clarificador sobre la asertividad.
    Creo que el gran problema de las sociedades modernas es la escucha. Como no no estamos en el momento presente nunca, siempre estamos o en el futuro o en el pasado, no hay forma de comunicarse fluidamente, ni con nosotros mismos ni con los demás.
    Cuando alguien nos habla, en lugar de escucharle activamente, estamos pensando en cómo le vamos a responder. Ya tenemos preparada la respuesta incluso antes de que haya terminado de hablar.
    ¿Cómo entonces vamos a reclamar nuestros derechos asertivos si no somos capaces de escuchar a los demás? La ecuación empieza por uno mismo.
    Me ha gustado mucho y ya se me ha grabado en la cabeza para recordarlo, pues me parece muy práctico, la imagen con los estilos comunicativos.
    Finalmente te diré que mi problema a la hora de comunicarme es que no soy capaz de decir “no”, obviamente adolezco del mal de no estar presente, aunque cuando mi cabeza literalmente se va al pasado o al futuro y la traigo al ahora, como a un perrito cuando le acortas la correa, jajaja!
    El decir que ” sí” cuando sé que debo decir “no” a alguien, me crea una gran insatisfacción.
    Me parece que lo que deberíamos hacer es lo que dice Claudio Casas y, lo intentó, ¡vaya si lo intento! Pero al final… caigo 🙁
    En fin! Al menos soy consciente de ello y trabajo cada día por cambiarlo.
    Un abrazo fuerte, querida Ana! ?

    • Ana Costa
      Posted at 04:41h, 15 octubre Responder

      ¡Hola, Elena!
      Muchísimas gracias por pasarte por aquí a comentar 🙂

      Estoy absolutamente de acuerdo contigo: nuestro gran problema es que no sabemos escuchar. Pero, no solo a los demás, como tan bien explicas, sino tampoco a nosotros mismos. Andamos todo el tiempo con nuestros “debería” y nuestros “tengo que” y no nos paramos a tomar conciencia de nuestra voz interior y de lo que verdaderamente sentimos y necesitamos.
      La escucha es importantísima, tanto con nosotros mismos, como con los demás, pues la comunicación verdadera es un canal de doble dirección: escucho lo que me dices, y después, escucho cómo me siento yo con lo que me dices, para transmitirte mi respuesta honesta y sincera. Y, a continuación, escucho cómo te sientes tú con eso, y así, sucesivamente. De manera que se trata de SER aquí y ahora, plenamente, contigo y conmigo comunicándonos. Algo que parece muy difícil, pero, que consiste simplemente en poner nuestra atención plena en ese intercambio mutuo, no solo de palabras, sino también de sentimientos, emociones, ideas, valores… y aportarnos y enriquecernos mutuamente, aunque no necesariamente, estemos de acuerdo.

      Gracias por tu sinceridad, al contarnos cuál es tu principal problema, Elena. Si te sirve de consuelo, el decir NO, cuando quiero decir NO, es algo que a mí también me cuesta bastante. Pero, tal y como comentas, se trata de ser consciente de ello y de darnos cuenta.
      Yo ahora intento no precipitarme al dar una respuesta, pedir un tiempo de reflexión, y “hablar conmigo misma” antes de decir que sí. Me pregunto: “¿De verdad quiero hacerlo?” Y si me surge un SÍ, me pregunto “¿Por qué?” Y analizo si es por agradar a la otra persona, o para que me quieran más, o por miedo, o, si realmente es porque me nace genuinamente del corazón hacerlo, sin esperar nada a cambio. Y solo en este último caso, es cuando digo que SÍ. Porque, el honrar y cuidar a los demás, empieza por una misma, ¿verdad? No podremos llenar el vaso de otros, si primero no llenamos nuestra propia jarra 😉

      ¡Muchas gracias, Elena! Ya sabes que me encanta tenerte por aquí, querida amiga 🙂

      ¡Te mando un abrazo enorme!

  • Sofia
    Posted at 09:10h, 15 octubre Responder

    Me ha encantado este post Ana!! Muchas ideas y muy claras sobre la comunicación y como mejorarla. Yo suelo ser más pasiva que asertiva pero estoy intentando trabajar sobre ello conscientemente para respetarme más a mi misma y ser más feliz en mis relaciones. Aunque hay veces que el otro te lo pone muy difícil y te hace sentir como si chocaras con un muro de piedra, y me dan unas ganas terribles de gritar y patalear como cuando a mi bebé le da una rabieta. Seguiremos trabajando con estas buenas ideas que nos has aportado como nueva herramienta. Muchas gracias y un abrazo

    • Ana Costa
      Posted at 18:23h, 15 octubre Responder

      Hola, Sofia.

      ¡Me alegro mucho de que te haya gustado!

      Sí, yo también suelo ser más pasiva que asertiva y, a veces, me cuesta tenerme en cuenta, y respetarme y hacerme respetar. Pero, como muy bien dices, la clave está en darnos cuenta de ello y en ser cada vez más conscientes de cómo nos comunicamos.

      Frente a tu observación de que el otro a veces te lo pone muy difícil y hace salir a tu bebé rabioso, te doy un pequeño truco que a mí me funciona 😉 : recuerda que eres tú la que tiene la última palabra sobre cómo vas a sentirte.
      Quizás no te hayas dado cuenta, pero, tienes la libertad de decidir cómo te tomas las cosas. Puedes reaccionar de forma automática y dejarte llevar por la rabia o, aunque te parezca muy difícil, puedes elegir cómo te lo vas a tomar y decidir que el comportamiento del otro no te afecte.
      Y ello, claro, solo puede conseguirse poniendo atención a cómo nos sentimos y qué pensamos con respecto a lo que sentimos, y decidiendo qué vamos a hacer con eso.
      Tú eres la responsable de tus pensamientos. Y cuando te des cuenta de eso, ya nunca más le darás el poder a otros de que decidan cómo vas a sentirte tú. Ese poder es solo tuyo.

      Sé que no es fácil. Al principio cuesta, pero, verás como, si practicas, funciona.
      ¡Ya me contarás! 😉

      ¡Gracias a ti por comentar y por tu sinceridad, Sofia!

      Un fuerte abrazo 🙂

  • Luis Fernando Arteaga
    Posted at 15:50h, 15 octubre Responder

    Hola Ana. Muy especial tu aporte por constructivo.
    Es verdad que muchas veces durante nuestra vida hemos sido críticos agresivos y también lo hemos sido pasivos.
    Hay muchas personas que por naturaleza han sido asertivas, aunque lo de ser asertivo, como término, es más bien nuevo, pero han sido muy equilibradas.
    A muchas personas que son agresivas, les gusta auto felicitarse por ser “muy francas” a la hora de criticar y les parece una cualidad, aunque saben que son groseras y ofenden.
    A otros, los pasivos, no les molesta, (o parece que no les molestara) que los demás les impongan sus opiniones, inclusive cuando les están maltratando su dignidad.
    A mi la edad me ha enseñado que todo se puede decir, pero siempre utilizando la sensatez, el respeto y el tono adecuado.
    Se debe decir lo que creemos que debemos decir, pero nunca ofendiendo a la persona receptora.
    Como bien dices en el post: no hagamos lo que no nos gusta que nos hagan.
    ¿Como me gusta que me lo digan? Así lo seguiré diciendo.
    Muchas gracias por valioso aporte.

    • Ana Costa
      Posted at 18:38h, 15 octubre Responder

      ¡Muchas gracias a ti, Luís Fernando!

      Efectivamente, querido amigo, has dado en el clavo: la clave está en el equilibrio, la sensatez y el respeto. Si tenemos en cuenta esos aspectos al comunicarnos, seguro que siempre nos irá bien.
      Por supuesto que somos humanos y no siempre sabemos comportarnos de forma asertiva, o equilibrada, como tan bien lo defines tú. Pero, con un poco de empatía, teniendo en cuenta al otro, intentando ponernos en su lugar, ya tendremos muchísimo ganado.

      E importantísimo también, no solo respetar, sino, por supuesto, hacernos respetar. De la misma manera que debemos de ser cuidadosos con los demás, también debemos de preservar que los demás lo sean con nosotros. Y, el primer paso para conseguirlo, pasa por tener claros nuestros derechos asertivos y por respetarlos, ¡empezando con nosotros mismos! que, demasiado a menudo, somos los que con más agresividad nos comportamos hacia nosotros mismos.

      Gracias de nuevo, Luís Fernando. Tus aportaciones siempre nos enriquecen y nos aportan mucho valor.

      Te mando un fuerte abrazo 🙂

  • Francisco Javier Gutiérrez
    Posted at 13:52h, 16 octubre Responder

    Querida Ana, muchas gracias por tus derechos asertivos básicos.

    Creo que en ese bello documento está el secreto de la comunicación sana.

    Cualquiera que asuma sus derechos de forma honesta sabrá comunicarse de forma asertiva. Pero no es fácil reconocer que, tal vez, somos nosotros mismos los que no nos permitimos ejercer nuestros derechos.

    ¿Me permito ser tratada con derecho y dignidad o me cuesta poner límites y prefiero no ponerlos por miedo a perder algo?

    ¿Me permito expresar mis propios sentimientos y opiniones o mejor me callo para así no defraudar y mantener el amor de mis amigos o de mi pareja?

    ¿Me permito ser escuchada y tomada en serio o cada vez que dio mi opinión o empiezo con la frase “Igual es un tontería lo que voy a decir pero yo creo que…”

    Y así podemos cuestionarnos todos nuestros derechos asertivos.

    Quiero decir que para comunicarte de forma asertiva con los demás primero debes aprenderlo a hacerlo contigo mismo. De este modo no ponemos en el otro el éxito o el fracaso de nuestra comunicación.

    Asumir la propia responsabilidad ante lo que nos pasa es el primer paso.

    A mi me costaba mucho dar mi opinión porque pensaba que mis amigos o mi pareja dejarían de valorarme si les contradecía o defendía posturas opuestas. Me di cuenta de que les estaba entregando mi poder al callarme por miedo a dejar de recibir su amor. Ya no lo hago y digo sin miedo a quien voy a votar o que no estoy de acuerdo con lo que dicen las vacas sagradas de su ideología o religión. ¿Y sabes qué ha ocurrido? Que me siento más valorado y respetado que antes. El respeto de los demás comienza en el respeto a uno mismo.

    Como tú dices somos los dueños de nuestros pensamientos, y son los pensamientos los que crean nuestro destino. Si pienso que alguien va a dejar de quererme por miedo a decirle que debería ayudarme a fregar los platos, es posible que crea que no soy digno su amor. Cambiar esa creencia es mi responsabilidad, independientemente de que el otro esté o no de acuerdo con lo que defiendo.

    Me encantan tus, mis, nuestros derechos asertivos.

    Un abrazo

    • Ana Costa
      Posted at 11:56h, 18 octubre Responder

      Querido Francisco Javier, ¡cuántísima razón tienes!

      Te agradezco muchísimo tu aportación. Sencillamente, explicas con una enorme claridad dónde está el quid de la cuestión.
      Y es que en una comunicación franca, honesta y auténtica (e incluso, me atrevería a decir que, en cualquier aspecto vital verdaderamente importante) todo debe de fluir de dentro hacia afuera. Es decir, el camino es desde dentro de mí: mi interior, mi esencia, mi propia voz, lo que siento, lo que necesito, lo que me define como ser humano… hacia afuera: los demás, el entorno, las circunstancias, el medio que me rodean. Y, erróneamente, solemos hacerlo al revés: según mi entorno, mis circunstancias y lo que me devuelvan los demás, así me comportaré yo. O, incluso, muchísimo más grave: así me sentiré yo. Es decir, que entregamos a lo de fuera un poder que solo está dentro de nosotros, porque es único y particular nuestro. Es nuestra esencia, nuestra voz, nuestra propia identidad. Y eso tan único, precioso y extraordinariamente valioso, hay que cuidarlo, respetarlo y preservarlo por encima de todo, o, estaremos negando, no solo nuestro propio valor como ser humano, sino incluso nuestra propia identidad.

      Y, como muy bien explicas, el origen de todo ello es el MIEDO. Miedo a que no me quieran, miedo a que no me valoren, miedo a que no me acepten, miedo a la soledad, a la incomprensión, al abandono…

      Una vez más, el camino para superar este doloroso sentimiento vuelve a ser de dentro hacia afuera: cuando yo me quiera, me valore, me respete y me acepte, así lo harán también los demás. Y no al revés, como erróneamente creemos. Porque nadie me va a poder dar lo que yo mismo/a no soy capaz de darme. Nadie va a poder llenarme ese vació, sino yo. Y, hasta que no entendemos eso, andamos perdidos buscando soluciones fuera, cuando siempre están dentro.

      Cómo realizar este camino, cómo encontrar esas soluciones, es un tema importantísimo que da para mucho. Por ello, lo dejaré de momento aquí. Pero, sin duda, seguiremos hablando mucho de ello, porque, en realidad, esa es la esencia de este blog y de muchísimos otros. Aportar un poco de luz a esa infelicidad vital, por desgracia tan frecuente en nuestros días.
      Algo que tú también haces tan bien en tu preciosa web, Francisco Javier. Es maravilloso cómo, a través de algo tan importante para nosotros como son nuestras relaciones de pareja, tú nos enseñas tan bien a encontrarnos y a aceptarnos, y a pasar del MIEDO al AMOR.

      ¡Muchísimas gracias por aportarnos tanto valor!

      Te mando un fuerte abrazo 🙂

  • Cristina
    Posted at 21:14h, 18 octubre Responder

    A-R-T-I-C-U-L-A-Z-O

    Impresionante, Ana.

    Gracias por expresar de una manera tan clara la importancia de comunicarnos asertivamente y, sobre todo, de contarnos cómo hacerlo paso a paso.

    Personalmente, es un trabajo que me ha costado muchísimo. Durante mucho tiempo me he movido sobre todo en la pasividad, pero me hacía muchísimo daño porque cargaba y cargaba (ira sobre todo) y claro cuando eso decía de salir… pues lo acababa somatizando. Sentía un miedo atroz a que saliera toda esa carga emocional porque pensaba que se me iba a ir de las manos.

    Comprender e interiorizar (como dice por aquí arriba Francisco Javier) mis, tus, nuestros derechos asertivos supuso una gran liberación para mí porque fue cuando me empecé a dar permiso para expresar y cambiar. Para darme espacio para elaborar mis emociones. Y sobre todo, para encontrar dentro de mí un lugar donde relacionarme conmigo y los demás desde el AMOR, permitiéndome ser más auténtica.

    Gracias por este post, por los materiales (que son magníficos!) y por refrescarnos la importancia de la asertividad.

    Te mando un abrazo enorme!! <3 <3

    • Ana Costa
      Posted at 08:34h, 19 octubre Responder

      Querida Cristina, ¡gracias a ti!
      Por pasarte a comentar y por dejar un testimonio tan sincero y valiente.

      Me identifico profundamente con tus palabras, porque, es una situación que yo también he sufrido durante mucho tiempo.
      Me pasaba como a ti: me movía entre el miedo a expresarme, el miedo a hacer daño y la rabia por no poder expresar lo que necesitaba expresar.
      Y fue un trabajo de años darme cuenta de que, en realidad, lo que estaba ocurriendo es que no me permitía SER quien soy y que el primer paso era aceptarme y quererme a mí misma.

      Por desgracia, este es un tema que está afectando y haciendo sufrir a muchas personas y, por eso, me pareció importante abordarlo.
      Me alegro de que te haya gustado. Espero haber puesto mi pequeño granito de arena para ayudar a quien lo está pasando tan mal con todo esto.

      Y ya que estás por aquí, aprovecho para felicitarte a ti también por tu gran trabajo y por la hermosa labor que estás haciendo por tu parte ayudando a tantas personas que sufren por su baja autoestima y su falta de confianza en sí mismas. Sin ninguna duda, contigo están en las mejores manos 😉

      ¡Mil gracias por aportar tanto, Cristina! Es un lujazo para mí tenerte por aquí 🙂

      ¡Un abrazo muy, muy grande! <3

  • Begoña
    Posted at 12:03h, 26 octubre Responder

    ¡Hola Ana!

    Me ha gustado mucho este post.

    Nunca me habría planteado que el tema de la asertividad diera para tanto… súper interesante. Me he sentido identificada en la mayoría de lo que expones.

    Y como bien has dicho, también me veo reflejada en los tres tipos de asertividad que compartes según las situaciones, los conflictos y las personas. Hay maneras y maneras de ser asertiva, hay que encontrar nuestro equilibrio.

    En mi opinión, la asertividad se practica hasta que va saliendo natural en todas las áreas de la vida. Y creo que se va aprendiendo conforme una se encuentra en situaciones que llega un momento que se da cuenta que no puede permitirse por respeto a sí misma y a los demás.

    La preguntas que nos expones para reflexionar al final del post son vitales, a mí me ayudan a observarme, a conocerme a mi misma, darme cuenta de cómo me tomo lo que sucede y a tomar responsabilidad de ello.

    No conocía las palabras de Claudio Casas, preciosas, me las guardo, jejeje.

    Muchas gracias por compartir este artículo y por los recursos.

    ¡Abrazo!

    • Ana Costa
      Posted at 22:07h, 26 octubre Responder

      ¡Hola, Begoña!

      ¡Muchísimas gracias por tus preciosas palabras! Me alegro mucho de que te haya gustado y te haya aportado alguna utilidad.

      La verdad es que coincido plenamente contigo cuando dices que es una cuestión de práctica. A veces, ocurre que sabemos la teoría, pero, luego, a la hora de poner en práctica una respuesta asertiva, nos cuesta mucho, porque no nos sentimos capaces de decir lo que queremos. Sobre todo porque tememos la reacción de los demás. Y después, si empezamos a practicar, (podemos empezar con situaciones más sencillas y menos comprometidas al principio), nos damos cuenta de que empieza a haber también un cambio en las respuestas de los otros, volviéndose más respetuosas, conforme lo vamos siendo también más con nosotras mismas.
      Pero, como muy bien dices, es una cuestión de irlo aprendiendo poco a poco, y de encontrar nuestro propio equilibrio, respetando también el del otro.

      La clave está, como tan bien has explicado, en darnos cuenta. De cómo nos sentimos, de cómo se siente el otro, de qué situación concreta estamos viviendo y por qué. De qué podemos hacer desde nuestra propia responsabilidad y de qué parte le corresponde al otro y no a nosotras.

      En realidad, es todo un arte. Pero, aunque parece muy difícil, en mi opinión, se trataría simplemente de ser auténticas y coherentes con nosotras mismas y con los demás. Y eso se consigue permitiéndonos ser quien en realidad somos y honrando nuestra propia voz.
      A veces nos parece dificilísimo, pero, es cuestión de proponérnoslo y, si lo hacemos, es muchísimo lo que ganaremos con ello 😉

      ¡Gracias de nuevo por compartir, Begoña! Tu comentario me ha encantado y me ha parecido muy enriquecedor 🙂

      ¡Un fuerte abrazo!

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