Mindfulness: todo lo que hizo por mí (y lo que puede hacer por ti)

Mindfulness: todo lo que hizo por mí (y lo que puede hacer por ti)

Si no estás segura de si el mindfulness puede ayudarte o no, ¡no te pierdas este artículo! Aquí te explico todo lo que hizo por mí, y lo que puede hacer por ti…

 

Hola, ¿cómo estás?

Hoy me gustaría hablarte de algo que cambió por completo mi vida a mejor y para siempre, y que puede hacer lo mismo por ti, si le das una oportunidad.

Me refiero al mindfulness, eso que ahora está tan de moda y de lo que todo el mundo habla, por sus innumerables y demostrados beneficios.

Pero, yo no quiero hacer aquí una lista de beneficios del mindfulness sin más. Eso lo puedes encontrar fácilmente buscando por internet.

Lo que a mí me gustaría es compartirte mi experiencia personal con el mindfulness. Cómo apareció en mi vida y cómo la transformó para siempre.

¿Te apetece saberlo? ¡Pues sigue leyendo!

 

Tocando fondo:

 

Hace unos pocos años el estrés hacía estragos en mi vida. Tenía (y tengo todavía) un trabajo de cara al público que implicaba muchísimo desgaste físico y psicológico. Actualmente, mis horarios, por suerte, son un poco más estables. Pero, en aquellos momentos, trabajaba a turnos, lo que significaba que podía trabajar a cualquier hora del día o de la noche, fines de semana y festivos incluidos, y que, además, cambiaba de horarios continuamente, con lo que éso supone para el sueño, la digestión o la vida personal y familiar.

Mis hijos todavía eran pequeños y el que entonces era mi marido también estaba sujeto al mismo tipo de horarios, por lo que llevar la casa y la familia era realmente complicado. Y, aunque, por suerte, mis padres nos ayudaban con los niños, yo sentía que no manejaba mi vida, sino que era la vida la que me manejaba a mí. Literalmente, no tenía vida.

Me sentía muy culpable por no poder estar con mis hijos cuando más me necesitaban. Y no poder llevar mi casa como yo quería y no tener nunca tiempo para el ocio, para disfrutar, o para, simplemente, no hacer nada, también me afectaba muchísimo. Mi autoestima estaba por los suelos.

Recuerdo aquellos años como si estuviera continuamente haciendo encaje de bolillos con todas las cosas importantes de mi vida, sin poder estar realmente en ninguna.

Pasaba todas las horas del día corriendo, apagando mil fuegos, intentando atender a todo, sin poder realmente atender nada. Me sentía como un patinete lanzado cuesta abajo y sin frenos. Como una marioneta rota, a la que obligaban a seguir adelante, a pesar de no poder más.

Sufría muchísimo estrés, cansancio, frustración, rabia, culpa, tristeza, miedo, malestar… Y múltiples síntomas físicos y psicológicos que eran cada vez más fuertes y evidentes. Pero, a pesar de todo, me obligaba a mí misma a seguir adelante con todo y seguía tensando cada día esa débil cuerda que sostenía toda mi vida.

Hasta que un día ya no pude más y esa cuerda se rompió. Literalmente, toqué fondo. Sentía que había fracasado como madre, como esposa, como trabajadora y como mujer, y que no había sido capaz de hacer ni siquiera lo mínimo que se esperaba de mí.

Sufrí una fuerte crisis de ansiedad y mi vida se desmoronó entera por completo, como un castillo de naipes. Acabé en casa con una baja de larga duración y necesitando medicación.

Y, cuando eso ocurrió, no podía hacer nada más que llorar y dormir. Estaba agotada, rota, sin fuerzas. Incluso llegué a pensar en que lo mejor sería dormirme y no despertar más. Quería desaparecer, terminar con tanto cansancio, tanta frustración y tanto dolor.

Tuve que renunciar a todo y a todos y, para sobrevivir, volcarme, por primera vez en muchos años, solo en mí.

 

Cuando ya no puedes bajar más, ya solo puedes empezar a subir:

 

Yo por mí misma nunca hubiera sido capaz de parar esa endiablada rueda de hamster en la que me había metido. Pero, la vida me paró a la fuerza y me obligó a pasar tiempo a solas conmigo y a mirarme de frente, sin vendas en los ojos.

Durante las primeras semanas de mi baja, yo solo podía sobrevivir. Me limitaba a comer, a dormir mucho, y poco más.

No era capaz de nada. Ni siquiera de leer, o de hacer lo más mínimo. Cada pequeña actividad, por simple que fuera, me costaba un esfuerzo sobrehumano.

Pero, poco a poco, fui recuperando mis fuerzas y sintiéndome un poquito mejor cada día. Y entonces, empecé a hacer cosas simples y pequeñitas, pero, por primera vez en mi vida, solo pensando en mí y en lo que necesitaba en cada momento.

Por primera vez en mi vida, empecé a tenerme en cuenta, a escucharme, a sentirme. Y empecé a hacer lo que me procuraba bienestar y a renunciar a todo lo que me hacía sentir mal.

Empecé a pasar tiempo conmigo, atendiéndome, cuidándome. Recuperé mis aficiones de niña. Volví a tejer, a escribir, a dibujar, a pasear, a tomar contacto con la Naturaleza… Empecé a pasar tiempo con mis niños, a hacer cosas bonitas con ellos, a hablar mucho de todo, a compartir nuestro tiempo disfrutando de las pequeñas cosas de cada día. Y, poco a poco, la sonrisa volvió a mi cara.

Y entonces, sucedió algo que fue el principio de todo y de lo que estaré siempre profundamente agradecida. Sentí que necesitaba moverme y me apunté a clases de yoga. Eso, sin duda, es lo mejor que pude haber hecho por mí. Es la mejor decisión que he tomado en mi vida, y estoy muy feliz de haber sentido esa llamada y de haberla seguido. Fue lo que me ayudó a iniciar mi transformación.

 

El principio del fin:

 

Ya en los primeros minutos de mi primera clase de yoga me di cuenta de que había encontrado algo extraordinario y valiosísimo. Sentí que, por fin, había encontrado eso que andaba tantísimo tiempo buscando. Sentí que ese era mi lugar y que, por fin, estaba donde quería estar.

A través del yoga, empecé a tomar contacto directo con mi cuerpo, tan largamente despreciado y olvidado. Empecé a sentir. Y pude empezar a escucharme, a conocerme, a reconocerme y, por fin, a valorarme, a aceptarme y a quererme tal y como era.

Y el yoga me trajo un tesoro impresionante: al final de cada clase, empezamos a meditar. Y en ese momento, se abrió para mí una puerta de valor incalculable. Al atravesarla, encontré, por fin, ese espacio cálido, amable y profundísimo en el que encontrarme conmigo misma a solas, mirarme de frente, escucharme de verdad y, por fin, SER YO.

Encontré la Paz. Encontré la Alegría. Encontré el AMOR. ME ENCONTRÉ A MÍ MISMA. Y ya nada, jamás, volvió a ser igual para mí.

 

La gran transformación:

 

La práctica de la meditación le trajo a mi vida dos lecciones fundamentales, que supusieron darle un giro total de 360 grados:

La primera fue darme cuenta de que mi sufrimiento y mi malestar me los causaba yo misma. Era mi mente confusa y enredada en mil cosas a la vez lo que generaba mi estrés. Eran mis pensamientos los que me causaban tanto malestar y sufrimiento. Y, cuando descubrí que yo no era mis pensamientos, sino la conciencia que los creaba y que, por lo tanto, podía darme cuenta de eso y dejar de crearlos, o soltarlos y dejarlos ir, todo cambió para mí.

Descubrí que yo no vivía casi nunca en el presente. Estaba continuamente recordando y sufriendo por lo que pasó, o preocupándome y angustiándome por lo que pasaría, pero, no estaba en el único lugar que realmente existe: AQUÍ Y AHORA. Eso supuso un cambio impresionante para mí. Ahora, cada vez que sufría por mi pasado o me preocupaba por mi futuro, podía darme cuenta y, con amabilidad, paciencia y aceptación, volver al presente. Y, de esa manera tan simple, mi malestar y mi sufrimiento desaparecían, como por arte de magia.

La segunda fue darme cuenta de que el cambio es de adentro a afuera y no al revés. Yo era la que tenía que cambiar, no mis circunstancias o los demás. Yo era la que podía decidir cómo quería ver la vida y cómo quería actuar. Comprendí que era una cuestión de actitud.

Ya no era todo blanco o negro, bueno o malo, feliz o infeliz. En realidad, todo formaba parte de lo mismo: no puede haber luz, si no existe la oscuridad. No puede existir la alegría, si también no sabemos llorar. Con nuestro pensamiento dual es como nos complicamos la vida. Pero, si aceptamos lo que vaya llegando y nos permitimos simplemente SER, todo es inmensamente más simple y sencillo.

El gran aprendizaje fue descubrir que podía simplemente confiar en que la vida me iría trayendo en cada momento lo que necesitara para aprender lo que necesitaba aprender en cada paso del camino. Y que ese aprendizaje me haría más sabia, más fuerte, más capaz, más valiosa… Y más feliz.

Ya no tenía que torturarme intentando resistirme a lo que me pasara y queriendo que todo fuera de otra manera. Podía simplemente, aceptar que las cosas eran como eran. Y, haciendo eso, algo se aflojaba y se liberaba en mí. Y entonces, a partir de ahí, es cuando podía cambiar lo que estuviera en mi mano cambiar, y aceptar lo que no, pero, sintiéndome bien y en paz conmigo, a pesar de todo.

Podía dejar de luchar y, simplemente, aceptar y SER con la vida.

 

Encontrando mi misión de vida:

 

Al cabo de unos meses, mi situación empezó a mejorar espectacularmente y, por fin, pude superar aquella crisis terrible que había puesto toda mi vida patas arriba.

Todo aquello no había sido en vano, sino todo lo contrario. Yo me había transformado por completo y era otra mujer: fuerte, segura, serena y feliz.

Y, en ese momento, sentí dentro de mí que, si yo había sido capaz de transformarme tanto y de transformar mi vida tan radicalmente para bien, entonces, tal vez, también podría acompañar a otras mujeres que estuvieran en mi misma situación a que pudieran hacer lo mismo por ellas mismas. Y también sentí que, si el yoga y la meditación me habían ayudado tantísimo, también podrían ayudar a otras personas que lo estuvieran pasando tan mal como lo pasé yo.

Y, después de muchos años, sentí que yo no había estudiado psicología en vano y que, por fin, había llegado para mí el momento de empezar a ejercer. Hacía muchos años que había terminado mi carrera (más de 18), aunque, yo había seguido leyendo y formándome por mi cuenta, porque para mí era un tema apasionante. Pero, lo hacía por y para mí, y no para otros.

Siempre había pensado que nunca llegaría a ejercer mi profesión. Hasta ese momento. Tantos años después, sentí la llamada y supe, dentro de mí que había descubierto mi misión de vida: ponerme al servicio de las mujeres que sufren por vivir de espaldas a sí mismas.

Entré en la web del Colegio de Psicología para ver qué necesitaba para colegiarme e iniciarme en ese nuevo camino que mi corazón me indicaba y, ante mis ojos apareció un curso de iniciación al mindfulness para psicólogos que se iba a celebrar próximamente.

Yo en mi vida había oído hablar de eso y no tenía ni idea de lo que era, pero, no sé por qué, despertó mi curiosidad. Y, al investigar un poco, descubrí que aquello no era por casualidad. Comprendí que el mindfulness era lo que le daba la mano, por un lado, al yoga y la meditación y, por otro, a la psicología. Vi claro que ése era el camino que unía ambas cosas y que, precisamente éso era lo que yo estaba buscando para poder acompañar y ayudar de verdad a quien lo necesitara. Y sentí dentro de mí que ése era el camino que yo quería recorrer.  Llamé sin dudarlo y me inscribí a ese curso. Y, como solo era para colegiados, conseguí que me guardaran la plaza hasta que pudiera desplazarme a Mallorca para colegiarme, algo que pude hacer a la semana siguiente, en el primer día libre que tuve.

Y así empezó todo. El mindfulness me cautivó desde el primer momento, de igual forma que lo habían hecho el yoga y la meditación. Era llegar al mismo sitio por otro camino paralelo. Y supe que era lo que necesitaba para trabajar de la forma en que yo sentía que quería trabajar.

Desde ese primer curso, he hecho muchísimos otros cada vez más y más especializados y de la mano de grandes expertos internacionales. Y sigo formándome y leyendo y aprendiendo. Me ayuda a ser cada día mejor profesional y, también, mejor persona (para mí, ambos cosas no se pueden separar).

 

SER la mujer que quieres SER gracias al mindfulness:

 

Ahora, visto con la perspectiva que dan los años, sé que aquello fue lo mejor que me podía haber pasado. Gracias a esa tremenda crisis, no me quedó más remedio que encarar mi vida de frente y darme cuenta de cómo estaba viviendo y de lo que me estaba haciendo a mí misma.

Seguramente, si mi situación no hubiera sido tan grave y no hubiera llegado a tocar fondo, yo hubiera seguido resistiendo, malviviendo, y actuando solo para los demás y de espaldas a mí misma.

Hubiera continuado maltratándome, castigándome, auto exigiéndome y sintiéndome muy culpable, muy egoísta y muy infeliz, por no poder llegar a todo, por sentirme tan mal y por no ser como debía.

Hubiera continuado sin ver, sin darme cuenta, sin saber lo que sentía, lo que necesitaba, lo que realmente quería, lo que mi sabia y preciosa voz interior me pedía.

Pero, la vida es muy sabia y nos trae en cada momento exactamente lo que necesitamos para aprender lo que necesitamos aprender. A mí me trajo el descubrimiento del mindfulness, y ahora solo puedo estar profundamente agradecida, porque, gracias a eso, pude transformarme y transformar mi vida para siempre.

Y ahora, puedo decir que, a pesar de todas las tormentas que puedan aparecer en mi vida (también sufro reveses y desgracias, como todo el mundo), por fin siento que mi vida es como quiero que sea, que la manejo yo y depende solo de mí. Que soy la mujer que quiero SER.

Por fin, SOY FELIZ.

Y he decidido compartir con quien lo necesite este profundo aprendizaje que me transformó para siempre, y hacer de ello mi misión de vida.

Estoy aquí para ayudarte a recorrer el mismo camino que yo misma recorrí. Para acompañarte en tu transformación. Para enseñarte a que puedas escuchar tu voz interior y puedas SER quien realmente quieres SER y no quien los demás esperan que seas. Para que te reencuentres con esa preciosa y maravillosa mujer que tú ya eres, pero que, por determinadas circunstancias, todavía no puedes ver. Para que dejes de sentirte como una oruga insignificante, pequeña y asustada y puedas transformarte en la maravillosa, hermosísima y fuerte mariposa que ya eres.

Y, para ello, he elaborado mi propio método, el Método SER (Sabiduría Esencial Reparadora), un método extraordinario, único y absolutamente transformador basado en el mindfulness del que muy pronto te hablaré más por aquí 😉

¿Quieres acompañarme?

 

Y ahora, ¿quieres contarme cuál es tu experiencia y tu conocimiento del mindfulness?

Estaré encantada de que me dejes más abajo tus comentarios 😉

Y, si este artículo te ha gustado y sientes que puede ayudar a alguien, por favor, no te olvides de compartirlo, para que podamos ayudar a más personas que lo necesitan. Eso es lo más importante para mí 🙂

Volveré pronto con más cosas sobre mindfulness y sobre otros temas que sé que te ayudan y te interesan.

¡Muchísimas gracias por estar ahí!

Un cálido y fuerte abrazo

 

Me llamo Ana Costa y mi misión es ayudarte a que escuches tu voz interior, a que seas fiel a ti misma, a que descubras quién eres, quién quieres SER y qué vida quieres llevar.
Quiero que alejes de tu vida el estrés, el miedo, la frustración y la baja autoestima y que aprendas a construir por ti misma, la vida serena, segura y feliz que deseas.

Te espero en zonamindful.com, tu Zona Libre de Estrés.
¿Me acompañas?

Accede aquí al Mini-Curso Gratuito “Aprendiendo a Parar” .

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